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domingo, 22 de diciembre de 2013

UNA ECONOMÍA SIN ESCASEZ

En el año 1964 el físico Nikolai Kardashev, propuso una escala para medir el desarrollo de las civilizaciones en el universo, de acuerdo al aprovechamiento de la energía en su entorno.

La escala era la siguiente:

Civilización tipo I: Domina la mayoría de las fuentes de energía de su planeta, puede modificar el clima, alterando terremotos y volcanes. Tras miles de años puede agotar las fuentes de energía de un planeta, derivando su producción a la energía de sus soles. Capaz de desviar meteoros que amenacen su existencia.

Civilización tipo II: Tendrán la producción controlada de una estrella. El planeta tendrá tanta energía que se podrá ver desde el espacio como si fuese una estrella. Su única amenaza será la explosión de una supernova cercana.

Civilización tipo III: Es inmortal, habrán alcanzado a producir de manera absoluta su estrella y la de otros sistemas solares.

Pues bien, según esta escala nuestra civilización es de tipo 0, ya que tiene una baja producción de energía, la energía que tenemos no se debe al aprovechamiento de fuerzas globales, si no mayoritariamente a la combustión de plantas muertas, o procesos físicos anticuados que dejan una cantidad enorme de residuos tóxicos.

Sin embargo en otros aspectos estamos cerca de conseguir una civilización de tipo I:

1 Idioma planetario común (En gran parte el inglés)

2 Una economía planetaria (La UE puede ser forja de esta)

3 Un sistema de comunicación planetario (Internet)

Sin embargo, si estamos tan cerca en algunas cuestiones, ¿qué es lo que nos impide alcanzar el progreso?, el freno ante el avance tecnológico en la antigüedad era en parte el miedo a lo desconocido, o más aún el miedo a perder poder.

Reflexionando sobre porque hacían detractar a Galileo Galilei sobre la redondez de la tierra nos preguntamos. ¿Había un miedo ante lo desconocido, o ese miedo era inducido por la élite gobernante?

Me explicaré.

Si el clero asumía que la tierra era redonda, quiere decir que habían estado equivocados toda su vida, al pensar en la veracidad del antiguo testamento sobre que la tierra era plana, otra consecuencia sería la disminución de credibilidad ante el cristianismo al pie de la letra. Todas estas consecuencias inducen a pensar, que el afirmar que la tierra era redonda, significa una disminución en el poder eclesiástico. ¿Y quiénes estaban dando discursos de moralidad, y con la capacidad de infligir el miedo al pueblo?

Ahí está, simplemente era una cuestión de intereses.

Por tanto, ¿quién está representando esa elite con posibilidad de perder gran parte de su poder en la actualidad?

¿Quién no quiere que haya más energía en este momento y que esté limitada, que el aumento de su escasez haga que cada vez tengan más poder, ya que es una de las pocas fuentes de recursos?

La respuesta bastante esperada es que esa élite ahora mismo está representada por el cártel del petróleo, y son los que han impedido el avance energético.
¿Quién no ha oído de fuentes de energía limpias, con un coste muy bajo?
Si investigáis un poco, incluso hay vídeos en youtube en los que te dicen cómo hacer algunos aparatos que dan energía ilimitada.
Hay un vídeo muy bueno en youtube que se llama “sirius” que destapa muchas cuestiones del secretismo en el que vivimos.

Ahora que nos hemos puesto al día, pensemos en términos económicos. ¿Qué implicaría pasar de tener escasez en energía, a tener recursos ilimitados?
Implicaría que todo lo que esté relacionado con la energía: fábricas, electricidad, combustible… se reduciría su coste a 0.
Imaginemos que el boom energético consigue otro boom en los avances tecnológicos, ya que al no tener coste de energía, se eliminarían muchas barreras, y aumentaría exponencialmente el progreso.
Con lo que se podría producir prácticamente todo, a un coste marginal de 0. El hambre en el mundo nos parecería algo prehistórico, así como muchos otros problemas actuales.

¿Qué sucedería con el dinero en esta nueva economía?

La estructura en la que están valoradas las cosas cambiaría radicalmente, muchísimos artículos tendrían un coste cercano a 0, y el resto que no depende de la energía incrementaría su coste, como por ejemplo; los conocimientos de una persona, la creatividad, es decir, sobre todo la mano de obra humana.


Sin embargo este posible mundo futuro está condicionado a la no existencia de élites como la inquisición en la edad media, o el cártel del petróleo además de otras sociedades que impiden la libre evolución tecnológica. No se trata de avanzar en conocimientos, si no de avanzar en humanidad... ¿Será capaz la sociedad de avanzar hacia ese punto?

domingo, 10 de febrero de 2013

PAÍSES SIN ESTADO


En mi anterior artículo "la crisis de las utilidades" se generaba un debate con un lector, en el que se planteba la siguiente pregunta:

¿Es el mercado, por sí mismo, capaz de incentivar la inversión filantrópica en actividades que la sociedad valora, como por ejemplo, en educación pública?

Esta pregunta es un poco complicada ya que parte desde el punto en el que no hay estado, algo que hasta ahora no ha sucedido en ningún lugar ya que el estado ha existido en todos los sistemas económicos modernos.
Para preguntarnos como sería un sistema de estas características podríamos hacer el siguiente experimento mental:

Imaginemos que en un país desarrollado estalla una revolución pacífica que deroga al estado para suplantarlo por empresas que se dediquen a gestionarlo.

Obviamente todas las empresas de ese país tendrían que llegar a un acuerdo para proveer de los servicios por los cuales las personas no pagarían  (servicios de limpieza, carreteras, policía, construcción de infraestructuras tales como aeropuertos…etc) ya que sin estos se generaría un caos y se tendría que volver a la democracia o incluso a la dictadura.

Por tanto estas empresas dedicarían un porcentaje de sus beneficios a cubrir todas las necesidades de sus habitantes para que no se marchen a otro lugar.

Por tanto lo más lógico para que esto suceda es que se cree una empresa de dirección que regule estos fondos y pague o genere otras empresas que se dediquen a cada labor en particular; unas al servicio de limpieza, otras a la construcción de carreteras…etc.

La empresa de dirección ante la pregunta de si debería destinar fondos hacia una educación pública o debería dejarlo en manos privadas, le interesará que cuantas más personas y con mayores conocimientos haya en un futuro las empresas funcionaran mejor, y se obtendrá mayor poder económico. Por tanto parece obvio que aparte de ser lo más igualitario, ya que un niño no tiene la “culpa” por así decirlo que sus padres ganen más dinero o menos dinero, todas las personas son igual de capaces.

Sobre otras inversiones en labores filantrópicas como por ejemplo ayuda en el paro, en personas con discapacidades físicas o mentales me baso en un ejemplo que pasa hoy en día, y es que las personas que actualmente más dinero ganan son las que más dinero destinan a fondos altruistas, ya sea por mejorar la imagen de sus empresas, marketing, o buena consciencia, pero el hecho es que lo hacen y podremos imaginar que lo mismo sucedería en países en los que no haya estado.

Supongamos por otro lado que este país empieza a funcionar perfectamente, siendo igual de justo y mucho más eficiente que los otros países. Generando por tanto nuevas revoluciones pacíficas derogando todos los estados e imitando al nuevo modelo económico, lo que generaría que las personas tienen la posibilidad de moverse de un país a otro, pero aquí radica un nuevo problema añadido que nos tenemos que plantear ¿Estos sistemas de dirección dejarían entrar a todo el mundo, o les pondrían restricciones? La respuesta más intuitiva es que sí pondrían restricciones, ya que un país que esté generando mucho bienestar a sus ciudadanos tendrá mucha demanda y por consiguiente mucha inmigración. No obstante este lógicamente querría a los mejores ciudadanos para su país, y la mejor manera de “llamar” a estos ciudadanos es creando una buena imagen en su país: haciendo inversiones filantrópicas.

Por tanto me aventuro a concluir que un mercado sí que sería capaz de incentivar estas inversiones, sin embargo notamos que el “sistema de dirección” que he planteado es bastante parecido a lo que podría ser un estado, ya que en mi opinión es el propio mercado el que crea este organismo. Por tanto la respuesta para que haya un mercado más productivo no es eliminando al estado, si no hacerlo más eficiente.

*Esta entrada es una modificación de un artículo de mi primo Jaime Luque, gran econometra e investigador, su artículo se puede encontrar aquí en inglés: http://works.bepress.com/luque/2/*